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2015/12/31

Tag Archives: Cocina

Versolarismo libre

2009(e)ko marzok 15 20:52 / / Txopi

Debido a los efectos de las nuevas tecnologías, multitud de áreas de la creación humana (música, literatura, prensa escrita, etc.) necesitan urgentemente un análisis y una revisión. También debemos reflexionar sobre el versolarismo vasco. Tras una ojeada, he visto con sorpresa que nuestro viejo versolarismo está muy bien preparado para adaptarse a las nuevas tecnologías. Al igual que existe el software libre, la enciclopedia libre y la música libre, también existe el versolarismo libre. No sólo eso, se puede decir que el único versolarismo que existe es libre.

El versolarismo, a diferencia de otros tipos de música, se ha mantenido lejos de la rueda loca de los beneficios económicos y esto, por suerte, ha provocado que siga manteniendo su carácter original. Cuando debido a la digitalización de la información, la creación intelectual está volviendo a convertirse en un servicio en lugar de un producto, todo son ventajas para el versolarismo que se ha mantenido fiel a sus raíces.

bertsolaria
Unai Iturriaga creando un verso
Imagen original: Mimentza (CC BY 2.0)

Versolarismo y cocina

El versolarismo y la cocina se parecen. Al menos yo les encuentro mucho parecido. El cocinero, nada más preparar el plato lo lleva a la mesa. El versolari, nada más crear el verso lo canta. El cocinero trabaja en función de las peticiones que recibe (dos ensaladas tropicales, un plato de alubias y un risotto), al igual que el versolari (tres versos tipo zortziko handia sobre la crisis económica). El cocinero debe utilizar los ingredientes de los que dispone cada día (de pescado del día, merluza), al igual que el versolari (el versolari anterior me llama calvo y yo le respondo que Mikel Laboa también lo era). Hay cantidad de similitudes entre los dos.

Mi poesía es muy barata, la cogí gratis de la boca del pueblo y gratis se la doy al oído del pueblo.

Pero el versolarismo también tiene mucho en común con la forma más extendida de hacer música: cantar frente a un público, utilizar micrófonos y altavoces, etc. Aunque también existen diferencias palpables. La mayoría de los músicos publican CDs con sus canciones grabadas y tratan de vender el mayor número de copias. Antes no era así. Tal y como decía Gabriel Aresti: “Mi poesía es muy barata, la cogí gratis de la boca del pueblo y gratis se la doy al oído del pueblo”.

Los múscos de hoy en día también ofrecen conciertos, aunque para las compañías discográficas que poseen los derechos de explotación de esa música, los conciertos no son más que un método para vender más discos. Cuando se publica el disco, es decir, cuando sale a la calle el producto, los conciertos no son más que una tarea de promoción más de la campaña publicitaria.

A diferencia de los músicos, los cocineros no cobran por cada copia que se hace de sus recetas

Los versolaris en cambio, suelen ir de plaza en plaza cantando con otros versolaris, al igual que los músicos originariamente. Si algún/a oyente retiene alguno de sus versos, el versolari se alegra y se enorgullece, igual que un cocinero cuando le preguntan la receta de alguno de sus platos. No hay nada más gratificante que algo hecho por ti, sea identificado por otra persona como algo propio. A diferencia de los músicos, los cocineros no cobran por cada copia que se hace de sus recetas. Muy al contrario, mantienen una especie de conversación con el resto de cocineros, tratando de darle a cada nueva receta una vuelta adicional. Los versolaris hacen lo mismo, puesto que al fin y al cabo, el versolarismo es una conversación creativa y los versos son pinchos que se crean para el disfrute de todos. Por tanto, el versolarismo es libre, al igual que la cocina.

Los derechos de autor de los versos

El verso nace libre de la boca del versolari y así debe seguir siendo si no queremos que el versolarismo muera ahogado. De hecho, si los versolaris hicieran como otros muchos músicos y comenzasen a explotar los derechos de autor, surgirían abundantes problemas. Las melodías y las medidas que se utilizan en los versos se cogen de versos más antiguos. Cuando dos versolaris cantan, a la idea que suelta uno, el siguiente le da su toque, tratando de darle una vuelta más. Podríamos decir que un versolari coge la mitad del verso anterior y crea la mitad del siguiente.

Por si esto fuera poco, también están los/las gai-jartzailes, los que ponen los temas en las sesiones de versos. Y nadie puede negar que para lograr una buena sesión de versos, además de que los versolaris hagan un buen trabajo, es importante que el/la gai-jartzaile también atine con sus labores. El/la gai-jartzaile no sólo decide quienes cantarán y cuando, sino también qué temas se desarrollarán, con cuantos versos, con qué medidas, qué personaje será cada versolari, las situaciones en las que se encuentran y en algunos casos incluso las rimas que se deben utilizar. Cuando un versolari crea un verso, hace su trabajo creativo a partir del material del que dispone (sobre todo las indicaciones que le da el/la gai-jartzaile y lo dicho por el anterior versolari) y trata de crear sorpresa y hacer disfrutar a los oyentes.

La aportación que hace la persona que crea el verso es innegable, pero no se pueden dejar de lado todos los demás componentes que intervienen en una sesión de versos. Un último ejemplo para mostrar que la gestión de derechos de autor, al menos en lo que se refiere al versolarismo, no tiene sentido: en una sesión de versos no es extraño que un mismo verso lo improvisen una pareja de versolaris o todo un grupo, creando cada uno una línea del mismo. Teniendo en cuenta que en una sesión de versos intervienen todo un grupo de versolaris y los gai-jartzailes, hoy en día, el versolarismo vasco es algo ingestionable por la SGAE y las asociaciones de derechos de autor similares. Algo que no merece la pena ser gestionado. Y en mi opinión eso es algo que beneficia al versolarismo, porque nos conviene mantenernos fuera de la rueda de la explotación de los derechos de autor.

Nuevas tecnologías

El versolarismo tienes sus plazas y sus escenarios también en Internet: bertsoa.com, bertsozale.com, bertsoplaza.tv, botasarean.biz, gpuntua.com, etc. Allí se puede encontrar muchas información: fichas sobre los versolaris, información sobre las competiciones, bases de datos de versos, transcripciones de los clásicos, foros, etc. Pero no sólo eso. Siguiendo el ánimo que tiene el versolarimos por ser difundido, podemos ver y escuchar vídeos y audios de cada vez más versos. Y cuando se celebran competiciones, si no puedes desplazarte al lugar correspondiente, no te preocupes, porque tienes la opción de escuchar a los versolaris en directo a través de Internet. A decir verdad, hay gran cantidad de información, suficiente como para cubrir las necesidades de la mayoría de los aficionados.

Para reforzar ese carácter libre que tiene el versolarismo, estas webs deberían dejar de lado el copyright restrictivo y utilizar una licencia libre

Aunque teniendo en cuenta que estamos en la era de la llamada web 2.0, yo echo en falta un par de cosas. Por ejemplo, ofrecer los audios y los videos grabados en formato podcast. Es un cambio muy pequeño y permite difundir más los contenidos. Y en caso de recopilar demasiada información en una web, se pueden utilizar las redes P2P, para que los aficionados al versolarismo ayuden a difundir los contenidos. Otro ejemplo es permitir a los seguidores que hagan transcripciones de los versos colaborativamente en un wiki. Como se puede ver, aunque se ha realizado un trabajo abundante y elegante, ahora, a través de la web 2.0, los versolaris, las escuelas de versolaris y los aficionados pueden unirse para imprimir más fuerza al versolarismo.

Pero sobre todo hecho una cosa en falta en todas estos sitios web mencionados: en mi opinión, para reforzar ese carácter libre que he tratado de explicar que tiene el versolarismo, para reivindicarlo con orgullo a los cuantro vientos, estas webs deberían dejar de lado el copyright restrictivo y utilizar una licencia libre. Por ejemplo la licencia GNU FDL que utiliza Wikipedia. O la licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 que cada vez más gente utiliza.

Esta decisión va en comunión con la forma de ser del propio versolarismo y en comparación con otros sectores, el versolarismo vasco está en situación de ventaja. No dejemos escapar esta oportunidad, porque no tenemos casi nada que perder (cambiarían muy pocas cosas) y bastante que ganar (se abrirían nuevas posibilidades y serían más factibles iniciativas innovadoras que beneficien al versolarismo). A ver si la Asociación de Versolaris comienza a estudiar este tema…

Publicación: La versión en euskara de este artículo la redacté para el suplemento GAUR8 que el diario GARA publica los sábados y vió la luz en dicho medio el 6 de diciembre de 2008.

Otros idiomas: euskara

/ Etiquetado: cocina, derechos de autor, gara, gaur8, música, país vasco, versolarismo

¿Qué es el software?

2008(e)ko enerok 20 23:34 / / Txopi

Cuando hablamos de programas y aplicaciones de ordenadores, en realidad estamos hablando de software. Una definición algo brusca pero instructiva para los no iniciados en este terreno es que el hardware es lo que puedes patear y el software es lo que puedes maldecir. :-D Se dice esto porque el hardware son las máquinas y dispositivos físicos que podemos tocar, mientras que el software es una producción inmaterial que no tiene ni forma, ni cuerpo. De todas formas, mi recomendación personal es que cuando el ordenador falle, respiremos ondo y tratemos de relajarnos o lograremos que un fallo del software se acabe convirtiendo en un fallo del hardware. ;-)

Cosas tales como el sistema operativo del ordenador, el procesador de textos, el navegador, la aplicación de contabilidad, etc. son todos ejemplos de software. Cada vez más electrodomésticos como televisores, reproductores de DVD o cámaras fotográficas digitales, también suelen contener un pequeño programa de software que nos permite interactuar con ellos a través de menús, configurarlos, ver películas almacenadas con distintos codecs, etc. En este tipo de aparatos, el software suele estar almacenado directamente en chips (en lugar de en discos duros como en los ordenadores), en cuyo caso se le suele denominar firmware. Al igual que en un ordenador podemos instalar software y actualizarlo, estos aparatos también suelen tener previsto algún método para actualizar su firmware.

Firmware
Imagen original

Código fuente y código binario

Las personas que diseñan y crean los programas para que realicen alguna tarea o resuelvan algún problema, escriben en unos lenguajes especiales llamados lenguajes de programación. Existen muchos lenguajes de programación distintos (COBOL, Visual Basic, PHP, Java, etc.) y la mayoría de ellos utilizan algunas palabras en inglés (“if”, “repeat”, etc.) para ayudar a los programadores a expresar lo que quieren que la máquina haga. Estos programas que los humanos somos capaces de entender se denominan código fuente y en realidad no son más que una especie de algoritmos matemáticos que expresan las ideas que se les ocurren a los programadores (“ventana”, “puntero de ratón”, “botón”, “menú”, “texto”, “enlace”, etc.). Estas ideas se entrelazan unas con otras una y otra vez en distintos algoritmos/programas.

Lo que ocurre es que los ordenadores y el resto de aparatos electrónicos (móviles, GPS, cajeros automáticos, etc.) están compuestos por chips y elementos eléctricos similares, por lo que no entienden de ideas más o menos abstractas sino simplemente de pulsos eléctricos (1 significa hay electricidad y 0 significa no hay electricidad). Por ello, los programas originales escritos por los programadores se deben traducir al lenguaje natural de las máquinas, es decir, a unos y ceros, a código binario.

Código fuente y código binario

Para ello se utilizan unos programas de software especiales llamados compiladores que son capaces de transformar automáticamente el código fuente escrito por el programador al código binario que entende la máquina de destino. Por tanto, el código binario es una serie muy larga de unos y ceros que un humano no entiende pero que la máquina es capaz de ejecutar sin problemas. Los programas que se comercializan (Windows, Word, WinZIP, Internet Explorer, Panda Antivirus, etc.) sólo vienen con los binarios, mientras que todos los códigos fuente los guardan las empresas correspondientes como parte de su propiedad intelectual. Un programador desde su casa no puede arreglar ningún error, ni hacer ningún tipo de modificación al programa que usa, puesto que resulta prácticamente imposible para él comprender el código binario y deducir exactamente lo que hace (y cuanto más grande es el programa, más complicada resulta la tarea).

El símil de la receta de cocina

Una forma muy intuitiva de entender estos conceptos, es hacer un símil con lo que ocurre al cocinar. Partiendo de una receta de cocina que alguien nos ha explicado o que hemos leído, procedemos a preparar los ingredientes necesarios y seguir los pasos indicados. Al final del proceso, obtenemos el producto ya terminado y listo para comer. Al igual que con el código binario, viendo el producto ya cocinado, resulta prácticamente imposible deducir todos los ingredientes y las cantidades utilizadas, así como los pasos exactos de la receta original.

El símil de la receta de cocina

Si cogemos una receta de cocina (obtenida a través de algún conocido o a través de Internet) y probamos distintas variaciones, podemos elaborar nuevos productos que se ajustan mejor a nuestros gustos y necesidades. De hecho, esta es la forma en la que la cocina ha evolucionado a lo largo de la historia y lo sigue haciendo en la actualidad.

La diferencia es que normalmente las recetas se comparten, mientras que el código fuente de los programas no. En función de la disponibilidad del código fuente (y otros criterios) se pueden diferenciar varios tipos de software.

Para obtener más información puedes consultar Wikipedia:

  • Software
  • Firmware
  • Algoritmo

Artículos relacionados:

  • Tipos de software según su licencia
/ Etiquetado: algoritmo, cocina, compilador, firmware, software

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